PELIGROS
Los 10 mayores peligros en las redes sociales para los jóvenes
Todas las redes sociales que no son para menores tienen una edad mínima de acceso (en la mayoría es de 14 años), sin embargo, la edad media en la que un niño recibe un móvil está entre los 10 y 12 años. En muchos casos se trata de un smartphone, lo que les permite el acceso a Internet en cualquier momento si los padres no configuran el control parental o instalan alguna app de control parental que pueda bloquear ciertos accesos en el móvil.
Hacerse una cuenta en una red social es muy sencillo y cuando te preguntan la edad o el año de nacimiento, no hay ningún sistema que verifique si se está mintiendo o no, por lo que niños y adolescentes pueden crearse un perfil en Facebook o Twitter incluso cuando no alcanzan la edad mínima para ello. Y muchos adolescentes saben cómo saltarse el control parental.
Así que, aunque los padres pongan las medidas necesarias para controlar a qué acceden y qué apps utilizan sus hijos, siempre es recomendable conocer qué peligros en las redes sociales pueden encontrar los menores e informar sobre ellos a nuestros hijos, para que nunca dejen de ser precavidos al usarlas.
A continuación vamos a ver los 10 peligros de las redes sociales para los jóvenes más habituales.
Problemas con la privacidad
La privacidad en Internet es algo con lo que lidiamos incluso hasta lo adultos, sin llegar a ser consciente del todo de la cantidad de información que podemos llegar a compartir en la Red y, especialmente cuando usamos redes sociales.
Los niños y adolescentes son todavía más vulnerables a los riesgos y peligros de las redes sociales respecto a la privacidad, puesto que en muchas ocasiones no son conscientes de lo lejos que puede llegar una publicación, una foto o un vídeo subido a ellas, especialmente cuando no se han preocupado de configurar su perfil para que solo puedan ver lo que publica sus amigos. Una vez que algo se publica en Internet, aunque su autor lo borre, difícilmente desaparecerá de la Red.
Si bien es cierto que muchos adolescentes son algo más conscientes de la necesidad configurar los ajustes de privacidad en las redes sociales y del tipo de información que no deben compartir a través de ellas (como el hecho de estar de vacaciones, la dirección de su casa, etc.), en muchas ocasiones comparten datos personales sobre ellos sin darse cuenta, por ejemplo, cuando publican una foto de un lugar que suelen frecuentar y no desactivan la geolocalización.
Pero este problema, como decíamos no solo es cosa de niños, hay padres que comparten gran cantidad de contenidos sobre sus hijos; nos referimos al sharenting, una práctica que puede exponer a nuestros hijos a diferentes peligros, aparte de violar su privacidad cuando no son ellos los que deciden subir o no una foto suya a una red social.
Y ojo, porque la ley de protección de datos en redes sociales también se puede aplicar a esos padres que han compartido fotos de sus hijos sin el consentimiento de estos. Es cierto que la Ley dice que la edad mínima para que un menor preste consentimiento para publicar sus fotos es de 14 años, pero eso no debería confundirse para compartir cada aspecto de la vida de nuestros hijos en redes sociales. Además, recuerda que publicar fotos sin permiso en España es delito (y sí, tu hijo mayor de 14 años podría denunciarte por haber subido fotos suyas a las redes sociales sin su consentimiento).
Suplantación de identidad
La suplantación de identidad es el segundo de nuestra lista de 10 peligros de las redes sociales. Es algo que podemos sufrir los adultos, pero también los adolescentes.
Puede producirse cuando otra persona roba nuestra cuenta en una red social y se hace pasar por nosotros; es el caso más extremo y problemático, porque además de perjudicar nuestra imagen o la imagen del menor, tiene acceso a toda la información y datos personales de su cuenta.
También puede ocurrir cuando una persona roba una foto nuestra y la usa para crear un perfil falso con nuestro nombre, de nuevo, para hacerse pasar por nosotros o el menor y publicar en su nombre. En este segundo caso, las peores consecuencias se las llevará nuestra reputación online o la del menor, pudiendo ocasionar problemas con otros amigos de este.
La adicción a las Redes Sociales es un problema real para muchos adolescentes
La adicción es otro de los peligros de las redes sociales para los jóvenes. Desde caer en el eterno scroll hacia abajo, hasta llegar al oversharing o compartir cada detalle de sus vidas y día a día, todo ello con la posibilidad de provocar alteraciones del sueño (que se queden hasta altas horas de la madrugada mirando sus redes sociales) o paradójicamente, aislamiento, puesto que la mayoría de sus interacciones sociales se producen a través de las redes sociales.
La red social que más use consume su tiempo, quitándolo de otras actividades y tiene la necesidad de estar conectado en todo momento todos los días para «no perderse nada».
Ciberbullying
El ciberbullying es el bullying (acoso) llevado a las redes sociales, donde adquiere toda una nueva dimensión.
Pese a las bondades de Internet y las buenas intenciones con las que se crearon en un principio las redes sociales, las peores conductas y comportamientos de las personas también se han trasladado allí, amparadas muchas veces por el anonimato que brindan estos sitios.
Así, el acoso por Internet es uno de los peligros en las redes sociales que muchos adolescentes y también niños sufren, continuando en muchas ocasiones el acoso sufrido en las clases al entorno virtual y con consecuencias que a veces pueden ser muy trágicas.
Contacto con desconocidos potencialmente peligrosos
Otro de los peligros de las redes sociales para los niños y adolescentes es la posibilidad de que acaben entablando contacto con desconocidos potencialmente peligrosos. Ese contacto puede empezar en un juego en línea, por ejemplo, y traspasarse a la red social. En ocasiones ese desconocido puede ser un adulto haciéndose pasar por otro niño, para ganarse la confianza del menor y poder manipularle para conseguir lo que quiere de él; desde fotos o vídeos del menor, hasta concertar encuentros en el mundo real, con todo el peligro que esto entraña.
Esto nos lleva a nuestro siguiente punto.
Grooming
El grooming es uno de los peligros de las redes sociales para niños y adolescentes que todo padre y madre debe conocer.
Se trata de un tipo de acoso sexual a través de Internet, en este caso de una red sexual, donde un adulto engaña y manipula al menor con una finalidad sexual. Como dijimos en el punto anterior, se basa en conseguir la confianza del menor y con el tiempo, establecer vínculos emocionales con él para poder conseguir lo que desea de ellos; fotos o vídeos de contenido sexual protagonizados por el menor o, en el caso de tratarse de un pederasta, conseguir un encuentro físico con el menor.
Cuando el depredador sexual consigue la primera foto o vídeo, lo habitual es que pasen al chantaje o la extorsión, amenazando con compartirlo con los conocidos del menor, para conseguir más imágenes o ese encuentro físico.
Sexting
El sexting es una práctica que consiste en llevar conversaciones de contenido sexual entre dos personas, muchas veces compartiendo imágenes de contenido sexual, empleando normalmente apps de mensajería instantánea como WhatsApp o Telegram.
El riesgo aquí radica en que alguno de los participantes acabe compartiendo esas imágenes con otras personas sin el consentimiento de la otra persona, algo que entre adolescentes tiene bastantes probabilidades de acabar ocurriendo. Evidentemente, como ya dijimos, compartir imágenes personales sin permiso es un delito, pero por mucho que se denuncie, el daño ya estará hecho.
Además, no ese no es el único peligro, porque esas imágenes y textos de las sesiones de sexting también pueden convertirse en material para el chantaje, como vamos a ver en el siguiente punto.
Sextorsión
Cuando un adolescente comparte fotos o vídeos de contenido sexual con otro adolescente o con un adulto haciéndose pasar por adolescente, puede acabar siendo víctima de sextorsión, es decir, se emplea la amenaza de publicar en las mismas redes sociales que usa, las imágenes que ha compartido con esa otra persona.
Esta amenaza se hace para conseguir dinero, pero, como ya vimos, también para conseguir más fotos y vídeos del mismo estilo o incluso un encuentro físico, tanto en el caso de tratarse de un pederasta como de otro menor de edad.
Fake News que pueden llegar a distorsionar su realidad
Si los adultos nos creemos en alguna ocasión una fake new, podéis estar seguros que un adolescente también se la creerá.
Las fake news son un problema con el que las redes sociales todavía están lidiando y que no tiene una solución cercana. El riesgo para los adolescentes está en que estas noticias falsas, estos bulos, pueden distorsionar la realidad para ellos, haciéndoles creer cosas y hechos que no son verdad sobre determinados temas, colectivos o minorías. Además, se convierten en «cómplices» de las mismas, cuando las comparten y contribuyen a su viralización.
Challenge o retos muy peligrosos, en ocasiones delictivos
Otro riesgo importante en redes sociales que no debemos perder de vista, son los llamados «challenges» o retos, puesto que algunos de ellos pueden ser muy peligrosos, hasta el punto de poner en riesgo la vida del menor, y otros incluso llevarles a incurrir en algún delito.
Muchos de estos retos han aparecido en las noticias y es posible que hayáis oído hablar de ellos, como el de la «Ballena azul», cuyo último desafío era suicidarse. Pero hay otros que pueden parecer más inocentes y entrañar el mismo peligro para la vida o la integridad física, por ejemplo, durante un tiempo estuvo circulando el reto de comerse una cucharada de canela, lo que podía provocar asfixia, o el de morder una cápsula de detergente (este en EE.UU.), lo que podía provocar quemadura en boca y esófago.
Aparte de los que ya hemos visto, hay otros peligros en las redes sociales para los adolescentes a los que los padres también deben estar atentos.
Posible distorsión de la realidad en los jóvenes
YouTube, Twitch, TikTok, Instagram y otras plataformas son los lugares actuales dónde los adolescentes consumen contenidos multimedia y dónde encuentran a quién seguir y «escuchar». Nos referimos a youtubers e influencers, con millones de seguidores en sus canales y en las redes sociales.
Aunque en muchas ocasiones no supone ningún peligro que los adolescentes vean sus contenidos, hay algunas cosas que se deben tener en cuenta. Para empezar, se pueden convertir en modelos a imitar (igual que un niño dice que quiere ser futbolista, te puede decir que quiere ser youtuber), especialmente porque aparentan que haciendo lo que uno quiere y le divierte y grabándose haciéndolo, se puede ganar mucho dinero y fama, cuando la realidad es que en muchos casos hay gran cantidad de trabajo y horas de dedicación, por no mencionar cierto grado de pérdida de privacidad, y que conseguir poder vivir de ello es complicado.
Otras veces, estos youtubers o influencers pueden promover mensajes o aptitudes tóxicas, bulos o tener una clara tendencia ideológica, que en públicos muy jóvenes puede calar bastante, especialmente cuando se carece de pensamiento crítico o las herramientas y la madurez para discernir entre exageraciones, contenidos irónicos o sarcásticos.
Pérdida de tiempo de estudio, trabajo o con la familia
Relacionado con la adicción a redes sociales que mencionamos más arriba, estar continuamente pendientes de sus cuentas en ellas, puede llevar a los niños y adolescentes a perder tiempo que dedicar al estudio o al tiempo que se pasa en familia. Este es un problema que también sufren los adultos, cambiando el estudio por el trabajo; seguro que en alguna ocasión os ha pasado que habéis dicho «entro cinco minutos a mirar una cosa en Twitter» y cuando os queréis dar cuenta ha pasado casi una hora.
Que eso te pase en tu tiempo libre, más allá de que no lo dediques a otra actividad, no es un problema, pero si te pasa mientras están en horas de trabajo o, en el caso de los niños o adolescentes, cuando deberían estar haciendo deberes o estudiando, sí que puede convertirse en uno.
Y todos recordamos esa campaña publicitaria en la que durante una cena toda la familia está pendiente de la pantalla de su móvil.
Acceso a discursos de odio
Cuando un niño o un adolescente, que todavía está formando su pensamiento crítico y su visión del mundo, acaba accediendo a discursos de odio, los cuales abundan en redes sociales (sobre todo tipo de temáticas) y favorecidos por el anonimato en muchas ocasiones, es fácil que acabe repitiendo esos mantras, que esas ideas calen en él y ayude a propagarlas, incluso actué siguiéndolas y acabe causando daños a otros menores.

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